La bruja Buenuja
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La bruja Buenuja

La bruja Buenuja Había una vez una bruja muy buena. Por eso la llamaban la bruja Buenuja.

La bruja Buenuja era tan buena que solo le salían bien los hechizos que no hacían daño. Porque los que servían para estropear cosas o dañar a alguien, esos le salían siempre al revés.

-Eres un desastre, brujita -le decía la directora de la escuela de brujería-. Si no aprendes a hacer bien los hechizos tendré que echarte.

La bruja Buenuja se esforzaba en hacer bien los hechizos malos. Pero no había manera.

Una vez, a la bruja Buenuja le dijeron que tenía que desplumar a un gorrión. Pero en vez de eso lo convirtió en un hermoso cisne.

En otra ocasión, la Bruja Buenuja tenía que tenía que derribar una casita. Pero lo que consiguió fue convertirla en un gran castillo.

La directora iba a expulsarla el día que recibió una carta. Era de la Asociación de Brujas. En la carta le decían que su escuela había sido seleccionada para la gran competición anual de magia, en la que participaban brujas, brujos, hechiceros, hechiceras, magos, magas y cualquiera que pudiera hacer magia.

La Gran Bola Mágica había seleccionado a los participantes.

-Oh, no -dijo la directora de la escuela de magia-. La bruja Buenuja tiene que participar.

No había tiempo que perder. Había que conseguir que la bruja Buenuja hiciera bien los hechizos.

El día llegó y la bruja Buenuja no había conseguido hacer maldades. La directora se había resignada ya a hacer el ridículo. Y con eso en mente, le dijo a la niña:

-Bruja Buenuja, sé tú misma. Yo ya no puedo hacer más por ti.

-Gracias, señora directora. Estará orgullosa de mí.

LLa bruja Buenujaa directora pensó que ya era demasiado tarde para eso, pero no le dijo nada. No merecía la pena desanimarla.

La bruja Buenuja disfrutó como nunca antes había hecho. Hizo crecer hermosos jardines llenos de flores, mariposas y pajaritos. Elevó hermosas fuentes de agua, jugó con la luz del arcoiris e hizo cantar a los árboles como si fueran ángeles. Convirtió la lluvia en chocolate y la hierba en algodón de azúcar.

Tras fascinar y sorprender a todos, la bruja Buenuja ganó el campeonato.

La directora la felicitó y le prometió que nunca más la obligaría a hacer cosas que no deseara:

-Tú tienes la bondad y la belleza en el corazón. Que nunca nadie te haga olvidar eso, pequeña.
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