La botella rebelde
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La botella rebelde

Edades:
A partir de 4 años
La botella rebelde Cuando ese día Lupe bajó a tirar la basura no tenía ni idea de la gran aventura que estaba a punto de vivir. En su casa las tareas domésticas estaban repartidas y las suyas eran bajar la basura cada noche y dar de comer a los peces. Lo que pasa es que Lupe siempre bajaba con prisa a la calle y no se detenía a tirar cada cosa en su contenedor correspondiente.

En casa eran muy cuidadosos y separaban cada residuo de forma adecuada. Los plásticos por un lado, el papel y cartón por otro y el vidrio en una bolsa aparte. A pesar de esta exquisita organización, cuando Lupe bajaba a la calle lo echaba todo al mismo contenedor. Unas veces era el de la basura orgánica, otras el amarillo y a veces incluso al azul iban a parar los vasos de yogur. Lupe era muy despreocupada y no prestaba la más mínima atención al tema del reciclaje. Hasta que un día todo cambió.

Ese día ya por la noche, cuando se disponía a arrojar unas botellas de refresco al contenedor amarillo, una de ellas de rebeló. Se rebeló porque, en cuando la niña la depositó dentro del cubo, la botella misteriosamente saltó fuera. Lupe, extrañada, la volvió a echar dentro. Y así durante 10 minutos.

Lupe arrojaba la botella al contenedor y automáticamente estar saltaba hacia fuera. Cuando la niña tiró la toalla y se dispuso a volver a casa dejando la botella tirada en mitad de la calle, escuchó una vocecilla chillona e insistente. Al principio no tenía ni idea de su procedencia, pero después se dio cuenta de que era la misma botella la que pronunciaba esas palabras:

-Mi sitio es el contenedor verdad, ¿es que no aprendes nada en el colegio?- dijo la botella.

-Tengo prisa, no puedo pararme a hablar contigo, respondió Lupe distante.

La botellita parlante no se dio por vencida y le explicó la situación.

-La botella rebeldeCuando somos adultas y acabamos en el contenedor verde de reciclaje, las botellas de cristal somos transformadas y disfrutamos de una segunda vida. Si me dejas donde no corresponde, nunca voy a poder cumplir mi misión. ¡El vidrio del que estoy hecha tiene que ser reutilizado!- gritó indignada.

Lupe vio que la botella estaba tan enfadada que no tuvo más remedio que escuchar sus palabras y ponerlas en práctica. Lo mismo hizo con los envases de plástico y con el papel. Entendió por fin que el reciclaje es una tarea común a toda la ciudadanía y que es el futuro del planeta lo que está en juego con esos pequeños gestos que todos podemos hacer en nuestro día a día.
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