La ambulancia Serafina
Síguenos en:

La ambulancia Serafina

Edades:
A partir de 4 años
La ambulancia Serafina Serafina era una ambulancia que estaba siempre lista para acudir a cualquier urgencia. Si se caía un niño, allá iba Serafina con su sirena a todo volumen. Si se tropezaba una anciana, allá iba Serafina corriendo a toda pastilla. Todo el mundo quería mucho a la ambulancia Serafina.

Después de muchos años sin que viniera nadie nuevo a la ciudad, apareció un chico que compró una casa justo al lado del garaje donde vivía la ambulancia Serafina. Al chico nuevo no le gustaba nada Serafina, pero nadie en la ciudad entendía por qué.

Un día, cuando Serafina fue a salir de su garaje para recoger a un enfermo, se encontró una rueda pinchada, de modo que no pudo ir tan rápido como de costumbre y tardó el doble en llegar.

Otro día, cuando Serafina se disponía a salir a recoger a un obrero que se había caído de un andamio, Serafina encontró con que su sirena no funcionaba. Como tuvo que circular en silencio, tardó mucho en llegar, porque el resto de conductores no se daban cuenta de que tenían que dejarle paso.

Sucedió que un día un niño se cayó de un columpio y avisaron rápidamente a Serafina para que acudiera, pero cuando la ambulancia fue a salir de su garaje se encontró con que alguien había atascado la puerta y no podía salir. La pobre pedía ayuda desde dentro cuando su nuevo vecino pasó justo por ahí.

- ¡Socorro, no puedo salir! ¡Que alguien me ayude!
- Vaya Serafina, ¿no me digas que no puedes salir? Que pena que ya no puedas salir a toda velocidad haciendo ruido con tu sirena… ¡ya era hora de que estuvieras calladita!

Y el muchacho se fue con tanto orgullo y soberbia que no miró al salir y se pegó tal resbalón con el bordillo que se quedó tumbado en el suelo sin poder moverse.

Serafina, que oyó el ruido del golpe, se imaginó que había sucedido algo y empujó con todas sus fuerzas la puerta del garaje.

-La ambulancia Serafina ¡Por fin! - dijo al conseguir salir - Pero, ¿qué te ha pasado?
- Creo que me he roto una pierna, no puedo moverme.
- Eso tiene fácil solución, ¡nos vamos al hospital de inmediato! - dijo Serafina
- ¿De verdad vas a ayudarme? No me he portado demasiado bien contigo… yo solo quería que no hicieras tanto ruido... lo siento...
- ¡No pasa nada, amigo!

Cuando el muchacho salió del hospital, lo primero que hizo fue ir a pedir disculpas a Serafina. Después se hizo voluntario del servicio de ambulancias para ayudar a Serafina en todo lo que pudiera.

Ahora Serafina tiene cuidado con el ruido que hace y sigue haciendo su trabajo tan bien como siempre.
Puntuación media: 8,8 (156 votos)
Tu puntuación:
Cuentos con valores similares