Juno, un fantasma diferente
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Juno, un fantasma diferente

Edades:
A partir de 4 años
Juno, un fantasma diferente Juno pertenecía a una familia de fantasmas con una larga historia. Habían vivido en varias partes del mundo, siempre en grandes castillos. Los últimos 300 años lo habían hecho en una mansión oscura y siniestra que compartían con las más extrañas criaturas. Un gigante con cuatro ojos, una bruja que convertía a las personas en plantas y un perro de tres cabezas que vigilaba la propiedad de los intrusos. Estos eran algunos de sus extraños compañeros. Pero Juno, que siempre había sido algo diferente a sus hermanos y primos, ansiaba algo de normalidad en su vida. Aunque tenía ya 100 años, se le consideraba un fantasma joven. Sobre todo teniendo en cuenta que tenía antepasados que habían estado vagando hasta cuatro siglos por aquellos pasillos.

Cuando cumplió 100 años, su familia consideró que ya era el momento de que Juno empezase con la que sería su tarea principal día tras día: asustar a la gente. Justo al lado del castillo, a un par de kilómetros, había un camping con cabañas. Por las noches, los hermanos mayores de Juno se dedicaban a asustar a las personas que allí dormían. Cambiaban las cosas de sitio, golpeaban las ventanas…

Al final, la gente dejó de acudir al camping y tuvo que cerrar. Así que la familia de Juno tuvo que buscan otro destino en el que atemorizar a la gente. Lo que pasa es que Juno no quería. Él no quería hacer como el resto de fantasmas, él quería ser una persona normal, con amigos y hobbies como los de todo el mundo. Lo que pasa es que Juno no se atrevía a contar la verdad a sus padres. Cuando tocaba salir de expedición a buscar gente a la que asustar, se separaba del grupo e iba por su cuenta a pasear y echar una cabezadita. Luego, cuando se reencontraba con los otros, les contaba que se había encontrado con un grupo de excursionistas y que se había pasado toda la noche haciéndoles morir de miedo.

Juno, un fantasma diferenteEsa estrategia le funcionó hasta que un día, esa cabezadita que solía echar mientras los demás asustaban, duró más de la cuenta. Su padre se lo encontró en un claro del bosque profundamente dormido y lo descubrió todo. Al contrario de lo que siempre había temido, el padre de Juno fue muy comprensivo:

-Si no te gusta asustar a la gente, no tienes que hacerlo. Puedes encontrar tu propio camino en la vida- le dijo con cariño.

Juno se quedó muy tranquilo y lamentó no haberse sincerado con su familia mucho antes y confesar que él no era un fantasma como los demás.
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