Julián aprende las consecuencias de enfadarse
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Julián aprende las consecuencias de enfadarse

Edades:
A partir de 4 años
Valores:
Julián aprende las consecuencias de enfadarse Julián era un niño que se enfadaba a menudo. Incluso el mismo Julián se lo decía a sus tíos y familiares cada vez que alguien llegaba de visita a casa.

-Hombre pequeño Julián. ¿Qué tal cómo estás? ¿Has aprobado todo? ¿Cómo te estas portando de vacaciones.

-¡Mal! Me estoy portando mal -decía, cruzándose de brazos.

Los adultos quedaban descolocados ante tal actitud miraban para sus padres y ellos movían los hombros indicando que no podían hacer nada con él. En ocasiones se sentaban y le explicaban las cosas para que no se enfadase, en otras ocasiones no le hablaban cuando se portaba mal, otras veces le ponían un castigo de repente. No pasaba nada, cada vez que no le compraban un helado, no iban al parque, le ponían verduras para comer y un largo etcétera Julián se enfadaba y gritaba y decía que no quería tener familia y que esa casa era la peor del mundo mundial.

Un día una compañera de trabajo de mamá fue a visitarlos a casa. Cuando se encontró con Julián este estaba encerrado en su cuarto muy enfadado. Su madre no sabía qué hacer y entonces esta chica que se llamaba Ana entró sigilosamente y cuando vio a Julián le dijo:

-Hola, me llamo Ana ¿Y tú?

-Soy Julián -dijo, mientra la miraba fijamente-. Estás en mi cuarto. Sal.

-Julián, venía a ayudarte a entender que es estar enfadado para que veas que no es nada divertido.

-Ya sé lo que es estar enfadado -le dijo el niño de repente.

-Mira, vamos a hacer una cosa cada vez que estés enfadado en vez de gritar, insultar y dar un portazo, ¿ves esta pared tan guay que tienes delante pintada de blanco? Pues vas a coger un lápiz y vas a hacer un garabato con tus lápices.

-¿En la pared?

- Sé, en la pared.

-Vale

Ana no habló mucho más y el tiempo fue pasando. Los primeros días había unos cuantos arañazos de color gris en la pared. A medida que pasó el tiempo en casa había menos gritos de Julián pero también menos manchones de enfado en la pared. Cuando Julián ya tenía más calma Ana, la amiga de mamá, volvió de nuevo a casa. Cuando se encontró con Julián este le dijo que ya no se enfadaba tanto y le preguntó si podía llevarle a su habitación.

Ana le acompañó y cuando vió las marcas le dijo que había tenido muchos enfados pero que cada vez menos y que ahora ya no tenía que hacer el ejercicio nunca más.
Julián sonrió y Ana le dijo ahora vas a hacer una cosa, sacó una goma muy grande de borrar del bolso y un trapito de tela y le dijo:
Mira Julián como ahora ya no te enfadas vamos a quitar las marcas del enfado de la pared.

Julián aprende las consecuencias de enfadarseJulián ilusionado fue a la pared y se puso a borrar, pero cuantos más minutos pasaban más se daba cuenta de que la pared seguía igual.

-¿Qué pasa? -preguntó Julián - ¿Las marcas no se borran?

-No cariño. Esto es lo que pasa con los enfados que suceden un día en concreto, pero la marca de todo lo que decimos, hacemos y gritamos a los demás no se va nunca. De todas formas esto es una pared y tú ya has aprendido a enfadarte menos. Seguro que mamá puede pintar la pared pero con las personas ya no se podría hacer nada.

Desde ese día y a su corta edad Julián aprendió la lección más importante de su vida
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