Joana y Roberto
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Joana y Roberto

Edades:
A partir de 4 años
Valores:
Joana y Roberto Había una vez dos hermanos, una niña y un niño, que se llamaban Joana y Roberto. Vivían en una casita en el bosque con su madrastra. La mujer era muy mala con ellos, así que un día decidieron huir.

Una mañana temprano, mientras la madrastra aún dormía, salieron de la casa en silencio y de puntillas. Después de largas horas caminando, decidieron parar en un claro del bosque a comer algo de la comida que llevaban en sus mochilas. Sacaron un poco de pan y salchichón y de postre tomaron un par de onzas de chocolate con almendras. Con eso, cargaron las pilas para seguir caminando unas cuantas horas más.

Lo que no sabían Joana y Roberto es que su madrastra se había dado cuenta de su huida y les estaba siguiendo en silencio por el bosque transformada en un búho. Había ido haciendo algunos hechizos para que los dos hermanos no pudiesen llegar a su destino. Por ejemplo, sobre el agua del río. Por eso, cuando Joana fue a llenar su cantimplora y bebió de ella, de repente sus piernas se convirtieron en aletas de pez y no pudo seguir caminando. Su hermano la dejó protegida en una cueva del bosque y le prometió que pronto volvería con ayuda.

Después de caminar largo rato, Roberto se encontró una casa abandonada donde decidió pasar la noche. Cada noche, bajaba a la cueva donde estaba su hermana y le llevaba agua y comida. Al cabo de los meses, desesperado, el chico perdió toda esperanza de poder encontrar la solución para liberar a su hermana Joana del maleficio que la malvada madrastra había echado sobre ella.

Hasta que un día por la noche tuvo una revelación. Se le ocurrió disfrazarse de aprendiz de hechicero para ir a casa de la madrastra y robarle el libro en el que estaban escritos todos sus conjuros.
-Buenos días, venerada maestra. Vengo a aprender de usted todo lo que sabe de magia y hechicería -le dijo Roberto ataviado con una capucha y una gran peluca de pelo rubio y rizado.

LJoana y Robertoa madrastra desconfió en un principio, pero luego dejó pasar al joven a su casa. Era muy presumida y le encantaba la idea de que alguien quisiera aprender de ella. Cuando se despistó, Roberto escondió el libro de hechizos debajo de su peluca y echó a correr.

Al poco rato llegó a la cueva donde estaba su hermana y pudo formular el conjuro que le devolvería sus piernas. Sin embargo, no pudo conseguirlo, así que lo que decidió fue provocar a la madrastra para que también le convirtiese a él en hombre-pez y poder estar siempre con su hermana, como siempre había hecho. Los dos jóvenes vivieron felices para siempre en el bosque alejados de la madrastra y adaptados a su nuevo cuerpo.
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