Isa y el unicornio
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Isa y el unicornio

Edades:
A partir de 4 años
Isa y el unicornio Isa siempre había querido tener un unicornio. El día que sus padres se lo regalaron ella se puso muy contenta. Era un unicornio de peluche, grande y blandito. Isa enseguida lo abrazó, achuchándolo muy fuerte.

—Hemos recogido este unicornio del refugio de animales mágicos —dijo papá.

—Tendrás que cuidar bien de él, porque los unicornios mágicos son muy sensibles —dijo mamá.

—¿Por qué estaba este unicornio en el refugio de animales mágicos? —preguntó Isa.

—Porque nadie lo quería —dijo mamá.

—¿Por qué? —preguntó la niña.

—Por su cuerno —dijo papá.

—¿Qué le pasa al cuerno? —preguntó Isa.

Mamá respondió:

—Porque este unicornio tiene el cuero marrón y, al parecer, los unicornios tienen el cuerno blanco, dorado o de colores.

Isa miraba a su unicornio y le acariciaba el cuerno. A ella le parecía precioso.

—¿Sabes qué? ¡Te llamaré Chocolate! —exclamó la niña. Y le dio un achuchón.

Esa noche, Isa se quedó dormida abrazada al unicornio.

—¡Isa, Isa! —dijo el unicornio, mientras le acariciaba la mejilla con delicadeza.

—¿Chocolate? —dijo Isa, sin saber qué pasaba.

—¡Sí, soy yo! —murmuró el unicornio.

—¡Puedes hablar! —dijo Isa.

—Claro, es que soy mágico —dijo el unicornio—. ¿Quieres viajar conmigo al País de los Sueños? Ahora que tengo una amiga seguro que me dejan entrar.

—¡Sí, sí! ¡Vamos! —exclamó la niña, muy emocionada.

Chocolate se transformó en un gran unicornio ante la mirada fascinada de Isa. Su cuerpo brillaba con destellos de plata. Sus crines arcoíris resplandecían como un mar de piedras preciosas.

Chocolate se agachó para que la niña subiera sobre él. Esa se subió a lomos del unicornio y lo acarició. Después de un ratito, Isa vio el cuerno.

—¡Qué bonito se ve tu cuerno! —dijo la niña.

Isa se acercó un poco más al cuerno para verlo mejor.

—¡Huele a chocolate! —exclamó.

—Cuando los unicornios mágicos recibimos un nombre, algo en nosotros se transforma —dijo el unicornio. Y preguntó: ¿Te gusta?

—¡Me encanta! —dijo Isa, maravillada.

Chocolate trotó alegremente mientras Isa, a lomos de su nuevo amigo, lo miraba todo con los ojos muy abiertos. El País de los Sueños era maravilloso. Los demás unicornios los miraban sorprendidos.

—¿Por qué nos miran así? —preguntó Isa.

—Porque no esperaban que alguien quisiera quedarse conmigo —dijo el unicornio.

—¿Por qué? —preguntó Isa.

—Por mi cuerno, porque es diferente —dijo el unicornio.

—¡Qué tontería! —exclamó Isa.

Después de un rato, Chocolate paró y la niña bajó. Una se posó en su mano.

—¡Hola! —dijo la mariposa.

—¡Hola! —dijo Isa.

—¿Has adoptado al unicornio del cuerno raro? —preguntó la mariposa.

—El cuerno de Chocolate no es raro. ¡Es especial! —exclamó Isa, con una gran sonrisa de satisfacción.

—¡Su cuerno es extraño, anormal! —dijo la mariposa.

—No, solo es distinto y, sobre todo, excepcional —dijo Isa, cada vez más orgullosa de su amigo.

La mariposa se quedó pensativa.

El unicornio miraba a su amiga con cariño. Nadie le había dicho nunca algo así. Siempre había pensado que era extraño por ser diferente. Sin embargo, Isa no lo veía de esa forma. Todo lo que él siempre había considerado malo, en realidad, no lo era.

Isa y el unicornioTodos los que estaban por allí habían oído la conversación entre Isa y la mariposa. Muchos se acercaron a mirar el cuerno de aquel unicornio singular. Y, por primera vez, lo vieron con otros ojos.

Uno a uno, los demás unicornios se fueron acercando a Chocolate para darle la bienvenida. Y también la enhorabuena por haber encontrado una compañera como Isa.

Pasado un rato, el País del os Sueños empezó a desvanecerse.

—Es hora de volver, Isa —dijo Chocolate.

La niña se subió de nuevo a lomos de su amigo y lo abrazó muy fuerte. Estaba tan cansada que no se dio cuenta de nada más. Se quedó dormida.

Cuando se despertó a la mañana siguiente, en su cama, seguía abrazada a su unicornio de peluche.

—Buenos días, Chocolate —saludó la niña.

Ese día Isa no soltó a su unicornio. Lo llevó de un sitio a otro, enseñándole todo, presentándole a toda la gente que conocía y contándole mil historias.

Y así pasaron los días. Isa le mostraba su mundo a Chocolate por el día y Chocolate la llevaba al País de los Sueños por la noche.
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