Fly, la mosca viajera
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Fly, la mosca viajera

Edades:
A partir de 4 años
Fly, la mosca viajera Fly era una mosca a la que le encantaba viajar. Su hobbie favorito era colarse en los coches de la gente y aprovechar para trasladarse de un lado a otro. Era también algo vaga y, yendo escondida en los coches de la gente, evitaba tener que ir volando. Gracias a su habilidad para colarse por las ventanillas, había conocido muchas partes del mundo.

En la cabina de un camión llegó a la campiña francesa donde conoció a una familia de libélulas simpatiquísimas. En una furgoneta de reparto de pan llegó hasta la costa y, durante el trayecto, pudo degustar alguna miga que otra. Y en el maletero de una moto llegó a la montaña. La verdad es que ese fue el viaje que menos le gustó. En los coches iba mucho más calentita y cómoda que en aquella moto.

Cuando Fly cumplió 10 años ya había recorrido miles de kilómetros de incógnito. En todas sus aventuras, procuraba no alejarse demasiado para no perderse y poder volver a casa sana y salva. Cuando consideraba que ya había llegado demasiado lejos, aprovechaba cualquier ranura de la ventana para escaparse.

Un día, no lo tuvo tan fácil. Se había colado en el coche de una familia y, a mitad de camino, empezó a llover con mucha intensidad. Como consecuencia, nadie se atrevió a abrir las ventanillas y Fly no se pudo escabullir.

El coche siguió rodando y rodando y, cuando Fly pudo darse cuenta, estaban a 2.000 kilómetros de su casa. Nada más ver una puerta abierta, se puso a volar como loca. Le costó estabilizarse porque salió del coche algo mareada.

CFly, la mosca viajerauando se alejó lo suficiente del coche, miró a su alrededor y comprobó que no tenía ni idea de dónde estaba. Voló y voló hasta que se encontró con unas mariposas que, amablemente, se ofrecieron a ayudarle. Le explicaron que estaba en Italia y que, en un par de horas, partía de la estación un tren de mercancías que la llevaría de vuelta a casa.

Fly voló lo más rápido que pudo para llegar a tiempo al tren. Pudo colarse en el último vagón justo cuando se escuchaba el pitido que recordaba que el tren estaba a punto de partir. En 20 horas estaba ya de nuevo en su casa recuperada del susto.
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