Eniar, el buscador de amor
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Eniar, el buscador de amor

Edades:
A partir de 6 años
Valores:
Eniar, el buscador de amor Aquella nave llevaba décadas viajando de galaxia en galaxia, buscando planetas habitados. A su único tripulante, Eniar, le gustaba explorar nuevos mundos. Pero no buscaba riquezas, suministros o combustible. No. Su nave era completamente autosuficiente. Lo único que buscaba Eniar era sentirse amado.

Sin embargo, Eniar no había encontrado eso que anhelaba. En su lugar, en todos los planetas que había visitado siempre lo rechazaban. A veces, incluso lo habían intentado capturar o hacer daño.

Después de tanto tiempo Eniar había tirado la toalla. Estaba a punto de darse por vencido cuando en su radar apareció el planeta Tierra. Y decidió darse una última oportunidad. Si después de eso no conseguía el amor que buscaba se instalaría en cualquier planeta desierto y se quería allí solo para siempre.

Eniar aterrizó en una enorme extensión verde. A su alrededor había muchas filas en las que había muchos seres que se habían quedado boquiabiertos.

En cuanto Eniar salió de la nave todos empezaron a gritar.

—¡Fuera! ¡Fuera! —gritaban.

Eniar no entendía lo que pasaba. En su base de datos había visto que los humanos eras seres impresionables. Y él estaba seguro de que, por lo menos, sentirían curiosidad.

—¡Vengo en son de paz! —gritó Eniar.

Pero la gente seguía gritando. Eniar aguzó su oído, a ver si entendía algo.

—¡El partido! ¡El partido!

—¡Saca tu nave! ¡Que queremos ver el partido!

Eniar analizó el lugar con sus instrumentos y le entendió. Había interrumpido una de los entretenimientos más importantes de los humanos: un partido de fútbol.

Eniar sacó su nave de allí y la posó en un espacio vacío que encontró un poco más lejos.

Cuando salió de su nave ya había muchos humanos allí esperando. Pero todos le miraban con extrañeza.

Eniar, el buscador de amorVengo en son de paz —dijo Eniar. Solo busco amor.

En cuanto la gente escuchó aquello se marchó. Eniar no podía entender por qué nadie quería saber nada de él.

Cuando ya estaba a punto de irse, una mujer se acercó a él y le dijo:

—Primero debes encontrar el amor dentro de ti mismo. Compártelo con los demás y no tendrás que pedir nunca más a nadie que te quiera.

—No sé cómo hacer eso —dijo Eniar.

—Yo te ayudaré —dijo la mujer.

Eniar pasó algún tiempo con aquella señora y descubrió cosas de sí mismo que jamás hubiera imaginado. Y así, sin darse cuenta, encontró nuevos amigos que no solo le querían, sino a los que él adoraba.
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