El verano que tocamos las estrellas
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El verano que tocamos las estrellas

El verano que tocamos las estrellas Era una cálida noche de verano cuando Lu, Tomás y Valeria decidieron montar una tienda de campaña en el patio trasero de la casa de Lu para observar las estrellas. Con un telescopio viejo y un montón de curiosidad, los tres amigos esperaban descubrir algún secreto del universo. Pero esa noche, el universo tenía preparada una sorpresa mucho más grande para ellos.

De repente, un destello iluminó el cielo seguido por un fuerte estruendo. Un pequeño meteorito había caído justo en el jardín. Corrieron hacia él, emocionados y asombrados. Pero no era un meteorito común, ¡era una nave espacial en miniatura!

—Debe ser de algún lugar muy lejano —dijo Lu, examinando el objeto brillante.

Tomás, siempre listo con sus herramientas, abrió un pequeño panel.

—Creo que está dañada, pero puedo arreglarla —anunció con confianza.

Valeria, con sus mapas estelares, sugirió:

—Y si la arreglamos... ¿podríamos viajar con ella?

No tardaron en ponerse manos a la obra. Entre cables, circuitos y risas, la nave quedó como nueva. Sin embargo, cuando la activaron, una luz los envolvió y, de pronto, ¡se encontraron siendo tan pequeños como para caber dentro de la nave!

—¡Es una aventura espacial de verdad! —exclamó Lu con una sonrisa.

Así comenzó su viaje por el espacio. Cada planeta que visitaban era único: uno estaba cubierto de cristales que cantaban, otro rebosante de plantas que bailaban. En cada lugar, hacían nuevos amigos y aprendían algo valioso, especialmente sobre cómo cuidar los ecosistemas.

Pero todo cambió cuando un error de navegación los llevó a un planeta desconocido. Estaban perdidos, y peor aún, se encontraban en medio de un malentendido con los habitantes locales, unos curiosos alienígenas que nunca habían visto humanos.

Fue entonces cuando Miau, el gato de Lu que había seguido a los niños sin que se dieran cuenta, comenzó a maullar de una manera muy peculiar. Increíblemente, los alienígenas entendieron sus maullidos.

—Miau está hablando con ellos —dijo Valeria, asombrada.

GEl verano que tocamos las estrellasracias a Miau, resolvieron el malentendido y ayudaron a los alienígenas a evitar una catástrofe ecológica que habría destruido su mundo. Los nuevos amigos les mostraron cómo reparar su nave para volver a casa y les enseñaron la importancia de la cooperación y el entendimiento entre diferentes culturas.

Finalmente, con la nave reparada y los corazones llenos de nuevas amistades y lecciones aprendidas, Lu, Tomás, Valeria y Miau regresaron a casa justo a tiempo para el amanecer. Mientras la nave aterrizaba suavemente en el jardín, prometieron mantener viva la aventura, cuidar su planeta y mirar las estrellas no solo para explorar, sino para recordar a los amigos que esperaban en otros mundos.

—Cada estrella es un recuerdo de este verano —dijo Lu—. El verano que tocamos las estrellas.
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