El unicornio bailarín
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El unicornio bailarín

Edades:
A partir de 4 años
El unicornio bailarín Había una vez un unicornio que quería ser bailarín. Pero en el bosque encantado donde vivía todo el mundo le tomaba por loco por decir esas cosas.

Sus amigos le decían:

-Los unicornios no bailan. Además, ¿a quién le podría interesar ver a un unicornio bailar?

Pero este unicornio no les hacía caso y, cuando nadie le veía, se ponía a bailar al son de la música que él mismo imaginaba o tarareaba.

Un día pasó por allí el Gran Brujo y paró a descansar de su largo viaje. Estaba sentado mirando al horizonte cuando vio un unicornio bailando.

El Gran Brujo se levantó y se acercó discretamente a ver si era cierto lo que veía. Después de un rato, el Gran Brujo habló.

-Siento interrumpirte, joven unicornio. ¿Dónde has aprendido a bailar?

El unicornio se asustó mucho y, muy tímido, respondió:

-He aprendido yo solo.

-Es una rareza ver a un unicornio bailando, ¿lo sabes, verdad? -dijo el Gran Brujo.

-Siento haberos molestado, señor -dijo el unicornio-. Vengo aquí a bailar para no molestar a nadie.

-No, si no me molesta -dijo el Gran Brujo-. ¡Me ha encantado verte bailar! Además, ¿sabes lo de la profecía del unicornio bailarín?

-¿Profecía, dice? -preguntó el unicornio.

-Sí, hay una profecía muy antigua que habla sobre ello -dijo el brujo-. Al parecer, tienes una gran misión en la vida, pero tendrás que desarrollar bien esas habilidades para poder cumplir tu destino. Y ahora me voy, que tengo por delante mucho camino aún. Volveremos a vernos.

El Gran Brujo se fue y el unicornio se quedó muy contento. Ahora tenía un objetivo. Su sueño y su destino eran inseparables.

Cuando se lo contó a los demás, todos se quedaron impresionados. Desde entonces, nadie ha vuelto a molestar al unicornio bailarín, y todos le animan para que siga bailando.

-Si este es tu destino, ¿quiénes somos nosotros para interponernos? -le decían.

El unicornio bailarínAños después el Gran Brujo regresó por allí, en busca del unicornio bailarín.

-¿Sigues bailando? -le preguntó.

-Sí, Gran Brujo -dijo el unicornio-. Estoy listo para cumplir mi destino y salvar el reino.

-De momento no es necesario, pero sigue practicando, que nunca se sabe -dijo el Gran Brujo.

En realidad, no había profecía ninguna, aunque eso nunca nadie lo supo. El Gran Brujo la inventó, porque, a veces, es necesario un empujoncito para escuchar nuestros deseos y para respetar las aspiraciones de los demás. Y es que ¿quiénes eran los demás para interponerse en los sueños del unicornio?
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