El robot delator
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El robot delator

Edades:
A partir de 6 años
El robot delator Carlitos era un niño muy mentiroso. Decía tantas mentiras que era muy difícil saber cuándo decía la verdad. Y eso era un problema muy grande. Por eso su papá le compró un robot delator en la feria de superinventos que había en la ciudad todos los domingos.

El robot delator era uno de los últimos avances del momento. Desde que los inventaron las cosas había mejorado mucho. Había menos delitos, la gente era más honesta y era más fácil descubrir a los delincuentes.

El robot delator que había comprado el papá de Carlos para su hijo era especial, porque estaba pensado para niños. Los robots delatores de los mayores te lanzaban un chorro de mejunje pegaso verde cuando te pillaban en un mentira o se ponían a hacer unos ruidos muy estridentes y desagradables.

Sin embargo, los robots delatores infantiles era un poco más discretos. La idea era que los niños aprendieran a decir la verdad. Por eso, las primeras señales las percibía solo el niño y nadie más. Así, el niño tenía la oportunidad de rectificar y decir la verdad. Y si seguía mintiendo el robot le lanzaba un chorro de agua.

Pero Carlitos tenía tanta costumbre de decir mentiras que, cuando el robot le avisaba, el niño rectificaba con otra mentira. Así que Carlitos se pasaba el día empapado.

Como el robot delator que compró el padre de Carlitos no era eficaz tuvo que comprar otro. Esta vez, el robot delator lanzaba agua y hacía ruido. Pero Carlitos seguía igual. Así que hubo que comprar otro. Esta vez el robot delator elegido lanzaba una líquido muy amargo directamente a la boca del niño cuando insistía en las mentiras.

Un día, cuando Carlitos llegó a casa después de estar jugando con sus amigos en el parque, sus padres le preguntaron qué había hecho con el móvil de su madre. A Carlitos le gustaba coger el móvil de su madre para jugar a un juego muy divertido. Carlitos respondió que no sabía nada, una y otra vez. Su padre se apartó, esperando la reacción del robot delator. Pero este no hizo nada.

-Vaya, de tanto mentir se ha estropeado el robot delator -dijo el papá de Carlitos.

El robot delator-Que yo no he cogido nada, papá -insistió Carlitos-. Pero ví al chico que trae la compra merodear por el mueble donde mamá deja el móvil.

El robot siguió sin hacer nada.

-Definitivamente habrá que llevar al robot delator al taller -dijo el papá de Carlitos.

Pero el robot delator de Carlitos estaba perfectamente. Carlitos no mentía. Entonces investigaron un poco y descubrieron que el mismo chicho había robado más cosas en casa de Carlitos y otras casas del barrio.

A Carlitos le sentó tan mal que no le creyeran cuando dijo la verdad que no volvió a decir mentiras. Sobre todo porque no estaba dispuesto a cargar con la culpa de lo que no había hecho.
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