El policía cojo
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El policía cojo

Edades:
A partir de 4 años
El policía cojo Había una vez un policía que estaba cojo. Este policía no podía correr detrás de lo malos, ni conducir un coche patrulla para perseguir a los delincuentes. Por eso este policía siempre estaba sentado en la oficina, haciendo otras cosas.

Pero al policía cojo no le gustaba trabajar desde un despacho. También era un trabajo importante, pero a él le iba la acción. Sin embargo, ya se había hecho a la idea y no decía nada.

Un día hubo un gran alboroto en la comisaría. Llegaron muchos avisos a la vez y todos los policías tuvieron que salir de la comisaría. Solo el policía cojo se quedó allí.

-Tranquilos, compañeros, yo me quedo a cuidar de esto -dijo el policía cojo a sus compañeros.

En pocos minutos el policía cojo se quedó solo.

-Creo que aprovecharé para ordenar un poco el archivo -dijo el policía cojo para sí mismo. Y se fue.

No llevaba ni diez minutos en el archivo cuando el policía empezó a oír ruidos extraños.

-Parece un poco pronto para que haya agentes de vuelta -pensó el policía cojo.

Por si acaso, el policía cojo se sentó en el suelo y se arrastró silenciosamente para ver si veía algo.

-Menos mal que no puede verme nadie -pensó-. Creerían que estoy delirando. ¿No será eso? ¿No será que deliro por llevar tanto tiempo trabajando tras una mesa? Debería levantarme. Si alguien me ve así me voy a sentir muy ridículo. Pero ¿y si realmente pasa algo? A lo mejor todavía no he perdido mi instinto. Bueno, si alguien me ve siempre puedo decir que me he caído.

El policía cojo siguió adelante. Efectivamente, su instinto no le había fallado. Había ladrones en el comisaría. El policía cojo pensó rápido. Efectivamente, todo había sido una artimaña. Todo estaba preparado para vaciar la comisaría. Seguro que no esperaban que hubiera nadie. Pero el policía cojo solo era uno, y allí había varios.

El policía cojoPero el policía cojo no se dio por vencido. Siguió arrastrándose sigilosamente y consiguió salir. Justo antes hizo saltar la alarma de incendios y, en cuanto estuvo fuera, cerró la comisaría. Los ladrones estaban atrapados y sus compañeros no tardarían en salir.

El policía cojo fue condecorado con la medalla al valor. Todo por haber conseguido superar sus miedos y vencer sus temores. Tal vez ya no era el policía de antes, pero seguía siendo un buen policía. Seguía siendo útil e importante.
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