El pájaro y el unicornio
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El pájaro y el unicornio

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El pájaro y el unicornio Estaban discutiendo un día quién era más veloz, si el pájaro o el unicornio. El unicornio decía que, sin duda, él era la criatura más rápida. El pájaro escuchaba, sin decir ni pío, pues nadie le había invitado a la conversación.

Tras un larga tarde escuchando al unicornio alardear de sus virtudes y capacidades, el Gran Dragón dijo:

-Me gustaría que demostraras eso que dices, unicornio. Que eres más rápido que el pájaro.

-Aunque tenga alas, el pájaro es pequeño -dijo el unicornio-. Yo soy grande y tengo unas patas fuertes potentes.

-Olvidas que el pájaro puede volar largas distancias -dijo el Gran Dragón.

-Yo también -dijo, ofendido el unicornio-. Pero lo que discutimos aquí es quién es el más rápido, no el más resistente.

-¿Aceptarías demostrar que eres más rápido que el pájaro compitiendo en una carrera? -preguntó el Gran Dragón.

-Por supuesto, será un placer poder demostraros a todos que soy más rápido que el pájaro -dijo el unicornio.

-Entonces, organizaremos la carrera para mañana -dijo el Gran Dragón.

Mientras el unicornio se preparaba para la carrera, el pájaro pensaba qué hacer. Nadie había contado con él, y no le apetecía nada verse metido en tal asunto.

-Yo no necesito demostrar nada a nadie -pensaba el pájaro. ¿Qué más da quién es más rápido de los dos, si pájaros y unicornios no tienen nada en común?

Llegó el día de la carrera. Tras la línea de salida se había colocado el unicornio. Al pájaro le habían preparado un pedestal para que saliera desde arriba y no estuviera en desventaja.

-Bienvenidos a la carrera -dijo el Gran Dragón-. Gana el que primero llegue a la meta.

En cuanto el Gran Dragón dio la salida el unicornio empezó a correr. El pájaro, en lugar de echar a volar, dio un salto y se subió al cuerno del unicornio.

El unicornio corría y corría. Al pájaro no le veía por ninguna parte, así que pensó que lo había dejado muy atrás. Así, poco a poco, fue reduciendo velocidad, pues tampoco quería llegar muy cansado.

Iba casi al paso cuando estaba a punto de llegar a la línea de meta. Entonces, el pájaro se impulsó y salió volando. Cuando el unicornio se dio cuenta reacción, pero ya era demasiado tarde. El pájaro había llegado antes que él a la línea de meta.

-¿Cómo es posible? -preguntó el unicornio.

El pájaro y el unicornio-Nadie me preguntó si yo quería competir contigo -dijo el pájaro-. Así que me subí a tu cuerno y salté en el último momento.

-Pero eso es trampa -dijo el unicornio.

-La única regla era llegar el primero, ¿no? -dijo el pájaro.

-Pero se trataba de ver quién era el más rápido -protestó el unicornio.

-A mí no me interesa saber saber eso -dijo el pájaro-. Nadie se interesó por mi opinión. Considero que la comparación entre tú y yo es absurda. Esta ha sido mi manera de protestar.

-Lo siento, pájaro -dijo el unicornio.

Desde ese día el unicornio es menos orgulloso y al pájaro todos le tienen más en cuenta. Porque ser pequeño no significa que no tengas nada que decir.
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