El náufrago y el pescador
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El náufrago y el pescador

Edades:
A partir de 4 años
Valores:
El náufrago y el pescador Había una vez un percador que estaba fregando la cubierta de su barco. Había capturado muchos peces y se disponía a volver a casa. Tenía que darse prisa para llegar antes de que los peces se estropeasen y no pudiera venderlos en el mercado.

Estaba dando el último repaso con la fregona cuando algo llamó su atención. A lo lejos podían ver muchas aletas de tiburón dando vueltas alrededor de algo.

—¿Qué pasará? —se preguntó el marinero. Y puso rumbo hacia los tiburones, a ver qué pasaba.

Pronto el pescador se dio cuenta de que los tiburones daban vueltas alrededor de isla. Tuvo que acercarse un poco más para descubrir que en aquel minúsculo pedazo de tierra había un hombre, un náufrago.

—¡Eh! ¡Eh! —gritó el pescador—. ¡Tranquilo, te sacaré de ahí!

El náufrago no tenía apenas para contestar. Estaba sediento y hambriento, y ni siquiera estaba seguro de que aquello fuera verdad o una alucinación.

El problema es que el pescador no podía acercarse hasta la pequeña isla si arriesgarse a romper el barco, y tampoco tenía una barca lo suficientemente segura para acercarse remando a la isla.

Después de un rato pensando, el pescador tuvo una idea. Cogió unos peces de los que acababa de pescar, los abrió con un cuchillo y los tiró al mar.

Los tiburones, al oler la sangre, fueron hacia los peces.

Al ver que funcionaba el pescador abrió más peces y los lanzó muy lejos en dirección contraria usando un tirachinas.

Cuando los tiburones por fin se alejaron el pescador bajó del barco en su bote de emergencias, recogió al náufrago y lo llevó al barco.

Allí preparó comida para el náufrago, le dio de beber y le ofreció ropa limpia.

—Has perdido toda tu pesca por mi culpa —dijo el náufrago.

El náufrago y el pescador—No podía dejar que te quedarás allí —dijo el pescador—. Aunque tendré que volver a pescar antes de regresar a casa.

—Yo te ayudaré —dijo el náufrago.

El náufrago resultó ser muy hábil pescando, a pesar de que nunca lo había hecho. Entre los dos en poco tiempo consiguieron un buen montón de peces.

—¿Te gustaría trabajar conmigo, como socios? —le preguntó el pescador.

El náufrago aceptó y, entre los dos, consiguieron que el negocio creciera muchísimo. Y además de ser socios, el náufrago y el pescador se convirtieron en grandes amigos.
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