El museo de la prehistoria
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El museo de la prehistoria

Edades:
A partir de 4 años
El museo de la prehistoria A Luis no le gustaban nada los museos. Le parecían un rollo con muchas cosas que leer y poca diversión. Este fin de semana sus padres le habían dicho que se irían de fin de semana al norte, donde iban a visitar muchas cosas, pero sobre todo una de ellas, la más interesante, un museo de una cueva de la Prehistoria llamada Altamira. ¡Qué aburrimiento!
Cuando llegaron al pueblito le pareció que se iban a aburrir, un sitio pequeño, con muchas piedras en el suelo y poca gente. Salieron por las calles y fueron a cenar a una plaza. Allí sus padres pidieron varios platos para cenar y a él le dijeron que si quería podía después estar por la plaza a ver si hacía amigos. Luis lo intentó y se acercó a un grupo de niños como él que jugaban con una pelota. Todos le dijeron que sí amigablemente y estuvieron jugando varias partidas de fútbol. Se divirtió mucho y cuando sus padres lo llamaron para irse al hotel hasta le dio pena.
Al día siguiente tenían la visita programada a la Cueva y el Museo de Altamira. Esperaron un rato para entrar, pero cuando estaban dentro Luis se sintió sorprendido. Había un espectáculo musical con percusión y otros instrumentos y sonaban muy bien.

Después fueron por varias salas donde había muchas cosas para ver y no tanto de leer o cuadros como en otros. Había instrumentos de los hombres de la prehistoria. Había videos de cómo cazaban. Luego fueron a visitar una copia de la cueva de verdad donde había los dibujos que se hacían, donde explicaban cómo pintaban en las paredes. Después fueron a una cosa que se llamaba taller donde tenían que contar entre todos historias sobre aquella época imaginando como sería la familia en aquella éEl museo de la prehistoriapoca del Paleolítico. Por último, se fue a otro sitio con más niños a un juego llamado Buscadores de Trazos.
Cuando se acabó la mañana, Luis salía de Altamira con sus padres con una sonrisa de oreja a oreja. Había sido muy feliz, se había divertido muchísimo. A partir de ahora ya no pensaría que los museos son aburridos.
El resto del fin de semana lo pasaron haciendo una ruta de senderismo alrededor del pueblito. Cuando el lunes volvió al colegio tenía muchas cosas que contar al resto de sus amigos de todo lo vivido el fin de semana.
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