El misterio de los calcetines de Ramón
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El misterio de los calcetines de Ramón

Edades:
A partir de 3 años
Valores:
El misterio de los calcetines de Ramón A Ramón le pasaba como a la mayoría de la gente. Cuando ponía la lavadora, siempre perdía algún calcetín. Unas veces eran calcetines de hacer deporte, otras calcetines del trabajo y otras calcetines de andar por casa, de esos que llevan goma en la planta para que no te resbales. Le pasaba siempre, hasta que un día todo empezó a cambiar.

Todo empezó a cambiar porque, en vez de desaparecer un calcetín de algunos de los pares que lavaba, aparecía un tercero. Es decir, si metía en la lavadora dos calcetines, sacaba tres. Si echaba a lavar cuatro, salían seis. Al principio no le dio importancia, porque en realidad le gustaba no perder calcetines sino ganarlos. Pero la cosa empezó a complicarse cuando leyó un letrero en el portal de uno de sus vecinos. Decía esto:

Por favor, ruego a quien esté robando calcetines de mi tendal que deje de hacerlo. Es una gamberrada y pienso averiguar quién es.

Ramón empezó a atar cabos. Si a él le aparecían calcetines y a su vecino le desaparecían, seguramente fuese que alguien estaba haciendo algo. Primero preguntó a sus sobrinos. Todas las semanas se quedaban al menos un día en su casa, porque sus padres tenían que trabajar. Los niños juraron y perjuraron que ellos no tenían nada que ver con el misterio de los calcetines.

Ramón preguntó también a la chica que le ayudaba con las tareas de casa por si se había equivocado al poner la lavadora. Ella tampoco tenía ni idea de qué podía estar pasando. Al final no le quedó nadie por interrogar.

Un día, cansado de investigar, vio la luz. Bueno, lo que vio en realidad fue a su gato con un calcetín en la boca. Nunca había sido travieso, así que no se le ocurrió pensar que el culpable podía ser su animal. Al finaEl misterio de los calcetines de Ramónl, se dio cuenta de que el gato, como pasaba mucho tiempo solo, llevaba meses durmiendo en el tambor de la lavadora, incluso cuando había ropa dentro. Como la superficie estaba fría y dura, cogía más ropa del cajón para hacerse una cama más mullida. Incluso había cogido ropa del tendal del vecino. Por eso a Ramón no le cuadraban los pares de calcetines. Porque si él metía dos, el gato metía uno más para estar más cómodo. Al final Ramón le compró una cama acolchada para que el minino durmiese allí y no se colase más en la lavadora ni le robase calcetines al vecino.
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