El misterio de las palabras mágicas
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El misterio de las palabras mágicas

Edades:
A partir de 4 años
El misterio de las palabras mágicas Había una vez una niña muy impertinente llamada Nina. Nina creía que todo el mundo tenía que estar pendiente de ella para satisfacer sus deseos. Por eso, cuando pedía algo, lo hacía con muy malas formas.

Nina iba al parque todos los días. Lo primero que hacía era subirse a su columpio favorito. Si estaba ocupado s el niño o niña que estuviera en él se bajaba. Todo el mundo sabía que en cuanto llegaba Nina era mejor dejarla hacer lo que quisiera porque, si no, se iba a armar una buena.

Pero un día, cuando llegó al parque, en el columpio de Nina había un niño que no conocía. Cuando lo vio, Nina le dijo:

-¡Eh, tú! Bájate de mi columpio.

-Este columpio no es tuyo, es de todos. Y yo he llegado primero. Ahí tienes otro libre, úsalo -dijo el niño.

-Ese no me gusta -dijo Nina-. Quiero ese, en el que estás sentado tú.

-Pues tendrás que esperar un poco, porque acabo de llegar -dijo el niño.

-¡He dicho que te bajes! -gritó Nina-. Si no, me pondré delante y no te podrás columpiar.

-Está bien -dijo el niño-. Me bajaré si dices las palabras mágicas.

-¡O te bajas o te empujo! -dijo Nina.

-Esas no valen -dijo el niño, sin inmutarse-. Pero te daré una pista: las groserías no valen, y las palabras violentas tampoco.

Nina estaba muy enfadada y se fue. Cuando llegó a casa le contó a su madre lo que había pasado. Cuando acabó le dijo a su madre:

-Dame agua.

-¿Y las palabras mágicas? -dijo su mamá.

-¿Es que no has oído lo que te acabo de decir? ¡No sé cuáles son! -gritó Nina-. ¡Venga, dame agua!

-¿Y las palabras mágicas? -insistió su madre.

-¡Arggg! ¡Que no las sé! -protestó Nina-. Y dame agua de una vez.

-Cuando descubras las palabras mágicas -dijo su madre-. Si no las sabes, pregunta por ahí.

-No me lo puedo creer -dijo Nina. Y se fue.

Al día siguiente Nina volvió al parque y allí estaba otra vez aquel niño en su columpio.

-Mira, majo, no tengo ganas de discutir, así que vamos a acabar pronto -le dijo Nina-. Dime las palabras mágicas, yo las repito y listo.

-Así no funciona -dijo el niño-. Pregunta por ahí.

Nina estaba desesperada. ¿Cuáles sería aquellas misteriosas palabras mágicas? Después de pensar un poco pensó que lo mejor sería preguntar por ahí. Nina vio a una señora muy mayor por allí y pensó que seguro que ella conocería las palabras mágicas.

-Señora, ¿conoce usted cuáles son las palabras mágicas? Es que ese niño de ahí no se va a bajar del columpio hasta que no se las diga.

-¿No las conoces? -preguntó la señora-. Mi nieto te las puede decir.

La señora llamó a su nieto y le dijo:

-Si tu quisieras subirte a ese columpio y tuvieras que decir unas palabras mágicas para que ese niño se bajara, ¿qué dirías?

El misterio de las palabras mágicas-Niño, por favor, ¿me dejas el columpio? -contestó el niño.

-Ya le he dicho que se baje, pero no funciona -dijo Nina.

-Es que no se la has pedido por favor -dijo el pequeño, y se fue a jugar.

-¿Por faqué? -dijo Nina.

-¡Por favor! -le gritó el niño.

Nina volvió al columpio y le dijo al niño que estaba allí:

-Por favor, ¿me dejas el columpio?

-¡Claro! ¡Sube! -exclamó el niño. Pero no se había terminado de bajar cuando le dijo:

-Te falta una cosa

-¿Qué? -preguntó Nina.

-Empieza por g, luego le sigue una r, y una a… -dijo el niño.

-Gra….. gra… ¿¡Gracias?!

-Excelente. Todo tuyo.

Cuando llegó a casa Nina probó a pedir las cosas usando las palabras mágica. De repente todo el mundo era amable con ella y no tuvo que volverse a enfadar con nadie. ¡Sí que son poderosas las palabras mágicas, sí!
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