El lapicero mágico
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El lapicero mágico

Edades:
A partir de 6 años
El lapicero mágico Había una vez un mago al que no le gustaba nada tener que escribir sus hechizos y pociones. Tampoco le gustaba nada dibujar, y eso que los dibujos eran imprescindibles para reconocer los ingredientes o recordar los resultados.

Un día, el mago decidió crear un lapicero mágico para no tener que encargarse él de las anotaciones e ilustraciones.

-Le daré las órdenes y él escribirá por mí -pensó el mago-. No, mejor aún, el lapicero mágico interpretará mis pensamientos y los plasmará en el papel.

Tras dos semanas de intenso trabajo el mago consiguió lo que quería: un lapicero mágico que escribía por él.

Al principio todo fue maravilloso. Al lapicero solo hacía falta sacarle punta de vez en cuando, pero era un trabajo menor.

-¡Qué dibujos tan bonitos! -decía el mago-. ¡Qué letra tan perfecta!

Pero al cabo de unos días el lapicero se gastó.

-¡Recáspita! Ahora tendré que crear otro lapicero mágico -dijo el mago.

El mago buscó entre sus apuntes las pócimas, conjuros y hechizos que había utilizado para crear el lapicero mágico. Pero no encontró nada.

-¡Oh, no! Estaba tan emocionado con la idea de no volver a coger un lápiz que no me molesté en escribir cómo creé el lapicero mágico ni en dibujar el proceso! -se lamentó el mago-. Tendré que empezar de nuevo.

Pero cuando fue a buscar un lapicero para escribir y unos cuantos lápices para experimentar, el mago se dio cuenta de que no le quedaba ninguno. Los había gastado todos.

-¿Qué voy a hacer ahora? -dijo el mago, muy triste ante la idea de no poder volver a escribir jamás.

EEl lapicero mágicontonces, apareció por allí un ratoncito que llevaba en la boca un lapicero pequeñito, no más largo que su dedo meñique. Al verlo, el ratoncito se asustó. El mago lo siguió y descubrió que el ratoncito había escondido en su guarida todos los lapiceros pequeños que había ido tirando con los años y todos los lapiceros que había roto antes de conseguir crear el lapicero mágico. El mago cogió los lapiceros y los guardó.

El mago creó más lápices a partir de los lápices usados, pero en vez de usarlos para crear un lapicero mágico los empleó para escribir sus nuevas pócimas y hechizos.

Desde ese día el mago no ha vuelto a molestarse por tener que escribir, sino que lo hace con mucho gusto. Y es que a veces no valoramos lo que tenemos hasta que estamos a punto de perderlo.
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