El ladrón desordenado
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El ladrón desordenado

Edades:
A partir de 4 años
Valores:
El ladrón desordenado Había una vez un ladrón muy astuto que se pasaba el día robando. Todo lo llevaba a un viejo caserón que había heredado de sus abuelos. Y allí lo metía todo, de cualquier manera.

Muchas cosas las vendía lejos de allí, para que no le pillaran. Otras, las usaba. Y todo lo demás lo metía en aquel caserón.

Pero la policía le seguía la pista. El inspector Navarrete estaba muy cerca. Pero el ladrón no se había dado cuenta.

Una mañana, mientras el ladrón guardaba el botín en guarida, el inspector Navarrete surgió de repente, seguido de cuatro agentes de policía.

—¡Alto, policía! ¡Estás detenido! —dijo el inspector Navarrete.

Pero el ladrón entró corriendo en el caserón y se metió en una de las habitaciones donde guardaba su botín.

Aquello estaba tan desordenado que la policía no logró encontrar al ladrón. Tras días de búsqueda, el inspector Navarrete decidió esperar fuera a que el ladrón saliera, pero este se las había ingeniado ya para escapar. Solo cuando la policía tuvo noticias de nuevos robos decidieron abandonar el lugar.

—Ahora habrá que buscarle de nuevo —dijo el inspector Navarrete—. No creo que se le ocurra volver aquí.

Pero el ladrón no tenía otro sitio en el que esconder su botín, así que, cuando comprobó que la policía ya no estaba por allí, volvió a utilizar el viejo caserón para meter todo aquello que no tenía dónde guardar.

Para su sorpresa, la policía no se había llevado nada. El ladrón rio con ganas.

Y así siguió, durante días, llevando parte de su botín al caserón. Hasta que un día:

—¡Alto, policía! ¡Quedas detenido! —gritó el inspector Navarrete.

El ladrón volvió a meterse en el caserón, pero dentro había más policías. No había dónde meterse.

El ladrón desordenado¿Cómo se habrán medido aquí? —pensó el ladrón.

Entonces vio una salida.

—¡La vieja moto! —pensó el ladrón.

El ladrón llegó hasta ella. Pero no tenía las llaves puestas. Las buscó, pero estaba todo tan desordenado que no logró encontrarlas.

No pudo hacer nada. El inspector Navarrete en persona le puso las esposas.

—¿Cómo lo habéis hecho? —preguntó el ladrón.

—Llevamos días aquí, pero lo tienes todo tan desordenado que ni te habías dado cuenta de que estábamos escondidos.

Y así el ladrón desordenado cayó en su propia trampa.
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