El jardín mágico de las mariposas
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El jardín mágico de las mariposas

Edades:
A partir de 6 años
Valores:
El jardín mágico de las mariposas Esta es la historia de Lelelele, una niña que adoraba las mariposas. Sí, tenía un nombre extraño. O no. Su madre la llamó así porque a ella también le encantaban las mariposas. Y le puso mariposa a su hija, en hawaiano.

A Lelelele nada le daba más alegría que ver volar a las mariposas. Su rostro se iluminaba con una gran sonrisa cada vez que veía una de estas hermosas criaturas revolotear.

Sin embargo, un día, una malvada bruja envidiosa de la felicidad de Lelelele, decidió robarle su alegría y envió a su sirviente.

Y así llega a la historia Travesudo, un duende más travieso que malvado, con una misión: hacerle la vida imposible a Lelelele.

— Travesudo, quiero que te asegures de que Lelelele, no vuelva a ser feliz nunca más.

—Sí, mi señora, así lo haré.

Travesudo empezó a esconcerse detrás de cada esquina para hacer tropezar a Lelelele.

Le revolvió todos sus juguetes.

Le estropeó su proyecto escolar sobre las mariposas al destrozar todas sus delicadas mariposas de papel.

Y lo peor, espantaba a las mariposas y las intentaba cazar para meterlas en tarros.

Lelelele estaba muy triste y no sabía qué hacer. No entendía quién era aquel tipo tan molesto ni por qué la había tomado con ella.

Estaba pensando en ello mientras caminaba por el bosque, cuando se encontró con una mariposa única y fascinante.

La mariposa brillaba con todos los colores del arcoíris y se posó delicadamente en la mano de Lelelele.

La felicidad que sintió al ver la mariposa hizo que olvidara momentáneamente sus problemas.

De repente, la mariposa comenzó a brillar intensamente y Lelelele se encontró envuelta en una luz mágica.

Cuando la luz se desvaneció, Lelelele se encontró en un hermoso jardín lleno de mariposas. Las mariposas revoloteaban a su alrededor y parecían querer comunicarse con ella. Entonces, una de las mariposas habló:

—Lelelele, somos mensajeras de alegría y felicidad, y hemos venido para ayudarte.

—¿De verdad podéis ayudarme a recuperar mi felicidad? —dijo la niña.

—Sí, confía en nosotras y cierra los ojos.

Lelelele cerró los ojos y deseó con todo su corazón que la ayudaran a superar sus problemas. En ese instante, todas las mariposas comenzaron a revolotear a su alrededor y la niña sintió que su corazón se llenaba de amor y esperanza. Al abrir los ojos, se dio cuenta de que estaba de vuelta en su habitación.

Desde aquel día, Lelelele siempre llevaba consigo una mariposa de papel que había hecho con mucho amor y cuidado. Cada vez que se siente triste o sola, saca la mariposa de papel y recuerda el jardín mágico lleno de mariposas. Y así, la magia de las mariposas la acompañaba siempre.

Después de que Lelelele encontrara la felicidad y la esperanza gracias a las mariposas mágicas, Travesudo y la bruja envidiosa comenzaron a notar que sus malvados planes no estaban funcionando como esperaban.

La bruja, cada vez más frustrada, convocó al duende para hablar con él.

—Travesudo, ¿por qué Lelelel sigue siendo feliz a pesar de todos nuestros esfuerzos?

El jardín mágico de las mariposasNo lo sé, mi señora. Parece que hay algo más fuerte que nuestra magia malvada protegiéndola.

Intrigada y enfurecida, la bruja decidió averiguar qué había pasado. Después de espiar a Lelelele descubrió el secreto de las mariposas mágicas.

—¡Así que las mariposas han sido las responsables! —exclamó la bruja—. ¡Encontraré la forma de anular su magia!

Sin embargo, mientras la bruja y Travesudo tramaban un plan para romper la magia de las mariposas, una de ellas los descubrió.

Al principio, la bruja intentó alejar a la mariposa, pero pronto se encontró hipnotizada por sus hermosos colores y su gracia.

En ese momento, la mariposa comenzó a brillar intensamente, envolviendo a la bruja y a Travesudo en una luz mágica. La energía de amor y felicidad de la mariposa los inundó, hasta que sus corazones comenzaron a cambiar.

Cuando la luz se desvaneció, la bruja y Travesudo ya no eran los mismos. La envidia y el odio que sentían habían desaparecido. Ahora solo había amor y compasión. Avergonzados por sus acciones pasadas, decidieron dedicar sus vidas a hacer el bien, a ayudar a los demás y a proteger el jardín mágico de las mariposas.
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