El gran concierto
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El gran concierto

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A partir de 4 años
El gran concierto Llegaba fin de año y en la escuela del pueblo se organizaban una serie de celebraciones y eventos para cerrar el ciclo transitado. Dentro de los espectáculos que se expondrían, la escuela convocaba a alumnos con diferentes talentos para que participaran del evento. Algunos niños hacían espectáculos de magia, otros preparaban una coreografía de baile, algunos una pequeña obra de teatro y otros se animaban a dar un concierto musical.

Este era el caso de Pablo, Jorge, Juan y Ricardo. Ellos eran niños de diferentes cursos del colegio, pero que habían forjado una amistad mientras aprendían a tocar algunos instrumentos musicales. Realmente no se consideraban una banda aún, pero la convocatoria de la escuela los entusiasmó e incitó a ensayar con más determinación y preparar un repertorio con sus canciones favoritas para presentar en la fiesta de fin de año.

Tras semanas de ensayo, el gran día llegó. Ricardo se encargaría de la batería, y los demás tocarían guitarras y cantarían. Los cuatro niños estaban muy nerviosos y rezaban porque todo saliera perfecto. Faltaban apenas unas horas para el espectáculo y como habían acordado, llegaron un tiempo antes para el último ensayo.

Juan, Ricardo y Jorge ya estaban en la escuela ensayando. Y les extrañaba que Pablo aún no hubiera aparecido. Hasta que llegó casi sin aliento y sollozando.

—Chicos, no van a creer lo que me ha sucedido —dijo el niño tomándose de la cabeza.

—¿Qué pasó Pablo? No nos asustes —preguntó Jorge.

—Cuando fuimos a por el coche con mi padre, no estaba allí. Ha robado el coche de la familia, y dentro de él estaba mi guitarra —respondió Pablo desesperado.

—¿Qué haremos ahora? —exclamó Juan.
—No lo sé chicos, si quieren toquen sin mí. Lo harán de maravilla —sugirió Pablo.

—No Pablo, si no lo hacemos juntos no lo haremos —dijo Ricardo mientras los demás asentían apoyando el comentario del niño.

Los chicos se quedaron en silencio, como congelados, realmente no sabían que hacer y estaban esperando que se les ocurriera una idea para resolver el asunto.

—Disculpen chicos, no pude evitar oír lo que hablaban —irrumpió una voz de adulto en el grupo de niños. Era Teo, el profesor de música de la escuela. —Yo no tengo una guitarra para prestarles aquí, pero sí mi bajo. Lo tengo aquí porque vengo de dar una clase particular.

—Pero yo no sé tocar el bajo —respondió Pablo.

—No te será muy difícil, con apenas unas notas que aprendas te servirán para el espectáculo. Luego verás —agregó Teo.

El gran concierto—No es mala idea, Pablo anímate.— dijo Juan aprobando la sugerencia del profesor.

—De acuerdo, lo intentaré.

Teo se llevó al niño a un rincón, y le dio una explicación muy básica de cómo tocar el instrumento. Pablo pareció comprenderlo rápidamente, y el profesor le dio las indicaciones para que pueda seguir a sus compañeros durante las canciones que tocarían.

El momento esperado llegó, y a pesar de los nervios, el improvisto y el instrumento improvisado, todo fue un éxito. Los demás niños de la escuela y sus padres disfrutaron mucho del concierto. El profesor Teo felicitó a los cuatro niños. A partir de ese día Pablo comenzó a tomar lecciones de bajo con el profesor Teo, y este se convirtió en su instrumento favorito y el que tocó en adelante con la banda.
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