El dibujo mágico
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El dibujo mágico

Edades:
A partir de 4 años
El dibujo mágico Santi era un niño al que le encantaba ir al cole y hacer cualquier cosa. Cualquier
cosa menos pintar. No le importaba que se tratase de lápices de colores, de ceras,
de acuarelas o de pinturas al óleo. Se podía muy nervioso cada vez que veía un
pincel entre sus dedos y se bloqueaba.

Sus padres trataban de que al menos lo intentase pero no había manera. Un día en
un rastrillo Santi encontró una caja de acuarelas a la que no pudo resistirse. No
sabía cómo explicarlo, pero sintió un deseo irrefrenable de abrirla, oler y tocar las
pinturas. Así que se la llevó a casa y se animó a rescatar sus viejos pinceles del
fondo del cajón. Sobre una cartulina, comenzó a hacer algunos trazos sin una idea
clara de lo que quería dibujar. Iba deslizando el pincel según le marcaba su instinto.
A las dos horas, le entró hambre y fue a la cocina a merendar. De repente, el dibujo
comenzó a hablar:

- ¿Me vas a dejar así, sin forma definida? Dame alguna identidad, por favor.

Santi, incrédulo, puso el dibujo debajo del flexo de su escritorio y trató de imaginar
de qué podía tratarse. Lo primero que hizo fue dibujarle un par de ojos. Lo que pasa
es que dibujó uno más alto que el otro…..

- Con los ojos así no puedo enfocar bien…..

Santi le pidió perdón y le explicó que no dibujaba muy bien.

- ¡Bueno, no pasa nada! -le interrumpió el dibujo-. Seguro que si lo intentas de
nuevo te sale mucho mejor ¡venga, coge la goma de borrar!

PEl dibujo mágicooco a poco el propio dibujo fue dándole instrucciones y diciendo a Santi cómo
pintar. Se pasó el fin de semana dibujando y borrando… mezclando colores y
probando nuevos trazos y figuras. El lunes, al volver al colegio, Santi esperó con
ansia la hora de plástica para poder poner en práctica todo lo que había aprendido.

Nadie le creía cuando decía que había sido el propio dibujo quien le había dicho
cómo hacerlo. Así que Santi tuvo que aceptar la realidad y convencerse a sí mismo
de que lo que había pasado es que se había autoconvencido de que, si se lo
proponía, era capaz de mejorar. Se tratase de acuarelas o de cualquier otra cosa.
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