El deseo de Rober
Síguenos en:

El deseo de Rober

Edades:
A partir de 4 años
El deseo de Rober Rober era un niño con una fantasía increíble. Un día esa creatividad tan asombrosa traspasó la realidad y se transformó en algo que a todas las personas de su entorno les costó mucho asimilar.

Además de imaginativo, Rober era un gran amante de los animales. Una vez en el pueblo se había encontrado un grajo herido y, con ayuda de su abuelo, lo curó y consiguió que volviese a volar. Los veranos se dedicaba a colocar en la finca familiar pequeños recipientes con agua fresca para que los pájaros pudiesen refrescarse y beber. En invierno hacía más o menos lo contrario. Construía pequeñas casetas para los pájaros y forraba su interior con material aislante para que se pudiesen resguardar.

Un día, mientras volvía a casa del entrenamiento de tenis, le pasó algo muy raro. Al fondo en la carretera le pareció ver un pobre erizo atropellado. Le dio tanta pena ver aquella escena que cerró los ojos con todas sus fuerzas y deseó que aquel animal estuviese sano y salvo. Cuál fue su sorpresa cuando, al acercarse con el coche, vio que solo se trataba de una bolsa de papel arrugada y sucia.

Días más tarde, le pasó lo mismo con un gatito. Al principio pensó que estaba moribundo en un margen de la carretera, pero, al llegar a él, vio que eran solo unas botellas de plástico que alguien muy poco civilizado había dejado allí.

Y así sucesivamente con varios animales que al final siempre resultaban ser cosas totalmente diferentes. Una serpiente que en realidad era el cordón de una bota; una nutria que era un montón de paja seca o un perrito que no era sino un amasijo de hierros.

La mecánica era siempre la misma. Al ver un animal herido o moribundo, Rober cerraba los ojos con todas sus fuerzas y deseaba con toda la bondad de su corazón que estuviese bien. Al final, lo que pasaba no era que se recuperase de forma milagrosa, sino que no se trataba nunca de ningún animal.

El deseo de RoberSiempre era cualquier otra cosa. Ropa vieja, escombros, un contenedor abandonado…. Nadie de su entorno podía creer lo que estaba pasando porque la gente que viajaba con el niño en el coche también veía animales que luego parecían desvanecerse.

Todo se resolvió cuando encontraron unos manuscritos de los primeros habitantes del pueblo en los que se decía que solo las personas que deseaban sinceramente algo para otros podían lograrlo. Eso era lo que pasaba. Tanto amaba Rober a los animales que solo con su deseo podía salvarlos. Como no podía ser de otro modo, cuando creció se convirtió en veterinario.
Puntuación media: 8,3 (239 votos)
Tu puntuación:
Cuentos con valores similares