El caldero maldito de la bruja Maruja
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El caldero maldito de la bruja Maruja

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El caldero maldito de la bruja Maruja La bruja Maruja no tenía caldero. Nunca lo tuvo. Y eso le disgustaba mucho. Pero un día, por arte de magia, a la bruja Maruja le apareció uno.

Pero el caldero de la bruja Maruja no era como el de las demás. El caldero de la bruja Maruja estaba maldito, porque lo llevaba siempre atado a la pierna, así que lo tenía que arrastrar, fuera donde fuera.

Y si malo era no tener caldero, peor resultaba llevarlo siempre a rastras.

Pero eso no era lo peor. El caldero de la bruja Maruja aumentaba o disminuía de tamaño, según el día.

-¡Serás maldito! -le decía la bruja Maruja al caldero-. ¿Por qué te haces grande cuando salgo y me ven todas las demás brujas y aquí en casa, cuando te parece, te reduces al tamaño de un vaso de agua?

La bruja Maruja no sabía qué hacer con su caldero. Había intentado cortar la cuerda, pero cuanto más lo intentaba más fuerte se hacía la cuerda y más crecía el caldero.

Ya nadie se acercaba a la bruja Maruja, ni siquiera para hacerle burlas. La bruja culpaba al caldero, que la hacía moverse lenta y torpemente.

Un día, la bruja Maruja se encontró con otra bruja que, como ella, tenía un caldero. También lo llevaba atado a la pierna. Pero ella lo llevaba cogido entre las manos.

-¿A ti también te apareció el caldero un día de repente? -le preguntó la bruja Maruja.

-Sí -contestó la otra bruja-. Lo llevo cogido, porque arrastrarlo es muy incómodo.

-Pero es que el mío es más grande -dijo la bruja Maruja-. No puedo con él. Se hace muy grande.

-Yo no lo veo tan grande ahora -dijo la otra Bruja.

La bruja Maruja miró y, para su sorpresa, el caldero tenía el tamaño de un balón de baloncesto.

Así que la bruja Maruja lo cogió.

-¿Has probado a cocinar algo en el caldero? -preguntó la otra bruja.

-No se me ha ocurrido nunca -dijo la bruja Maruja.

-Deberías probar -dijo la otra-. Es un poco difícil, pero si tienes paciencia y preparar todo antes de empezar a cocinar salen unos guisos fantásticos. Y también puedes hacer pócimas mágicas.

La bruja Maruja le dio las gracias a su nueva amiga y se fue con el caldero en las manos.

Cuando llegó a casa decidió hacer una sopa. Pero cuando cogía los ingredientes tenía que soltar el caldero y arrastrarlo. Eso le disgustaba mucho. Además, el caldero se hacía grande otra vez.

La otra bruja se asomó por allí y le dijo:

-¿Qué tal si usas el caldero para llevar los ingredientes hasta la cocina?

A la bruja Maruja le pareció una idea genial y así lo hizo. Al final del día había preparado una sopa maravillosa.

DEl caldero maldito de la bruja Marujaesde entonces, la bruja Maruja lleva su caldero en las manos cuando está pequeño. Y cuando crece lo suelta y lo usa para sentarse a la sombra. A veces incluso le da la vuelta y se tumba encima a tomar el sol, hasta que el caldero se hace pequeño.

La bruja Maruja también usa el caldero para llevar dulces y ofrecérselos a la vecinas o para recoger agua fresca de la fuente.

La bruja Maruja ha aprendido a vivir con su caldero y a apreciarlo porque, aunque es un poco molesto, forma parte de ella y juntos tienen que estar. Incluso así, la bruja Maruja ha aprendido a ser feliz. Y cuando el caldero crece y ella se siente mal, solo tiene que sentarse con su compañero y esperar. Porque al final, todo se pasa y el caldero, como la bruja Maruja, vuelven a la normalidad.

-Ni tú ni yo estamos malditos, querido caldero -le dice la bruja Maruja a su compañero muchas veces-. Simplemente nos tenemos que entender.
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