El angelito extraviado
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El angelito extraviado

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El angelito extraviado Hace mucho tiempo, un niño pequeño llamado Nicolás perdió a su angelito de la guarda. Nicolás estaba jugando en el parque cuando lo perdió. No se había dado cuenta de que le faltaba, porque a los ángeles de la guarda no se les ve. Pero Nicolás lo sabía; no sabemos cómo, pero lo sabía.

Nicolás le dijo a sus papás que había perdido a su angelito de la guarda, pero no le hicieron mucho caso.

- No digas bobadas, Nicolás -le dijo su padre-. Los ángeles de la guarda no se pierden.
- Pues el mío se ha perdido -lloraba Nicolás.

Marcos, el hermano mayor de Nicolás, se ofreció a ayudarle.
- Quédate conmigo y no te pasará nada -le dijo-. Mi ángel de la guarda nos protegerá a los dos mientras encontramos al tuyo.

El ángel de la guarda de Marcos envió un mensaje al cielo alertando de la pérdida de un angelito. Rápidamente, desde el cielo enviaron otro mensaje, esta vez a los angelitos de la guarda de los amigos de Nicolás. Ellos sabrían encontrar al angelito extraviado.

Aprovechando que los niños estaban juntos, los angelitos se pusieron de acuerdo para encontrar al ángel de la guarda de Nicolás.

- Id vosotros -dijo el ángel de Marcos, el hermano mayor de Nicolás -. Yo soy el mayor. Cuidaré de todos los niños. Mientras estén todos juntos no habrá problemas.

Los angelitos de la guarda no querían dejar a sus niños solos, pero era necesario encontrar al angelito de Nicolás. Pronto descubrieron que un demonio malo había raptado a su compañero, y volvieron a informar al ángel de Marcos, que era el que mejor sabía qué debían hacer.

- Quedaros aquí, yo lo arreglo -dijo el ángel de Marcos.

El ángel de Marcos fue a ver al demonio que había cogido al ángel de Nicolás.

-El angelito extraviado Suelta a mi hermano de inmediato - dijo el ángel de Marcos.
- ¡No es tu hermano! -respondió el demonio.
- ¡Sí que lo es! -dijo el ángel-. Todos los ángeles somos hermanos y ese más aún, porque cuida al hermano del niño que cuido yo. Así que suéltalo, te digo.
- Toma, toma. Todo tuyo, es muy aburrido jugar con él, así que tampoco lo quiero -dijo el demonio.

En ese momento llegó desde el cielo llegó una patrulla de ángeles que se llevaron al demonio de allí. Mientras tanto, los dos ángeles regresaron con sus niños.

- Marcos, mi angelito ya está aquí -dijo Nicolás.
- Lo sé -dijo Marcos-.
- ¿Cómo lo sabes? -preguntó Nicolás.
- Porque te brillan los ojos otra vez.

Y así fue como, entre todos, consiguieron salvar al ángel de la guarda de Nicolás.
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