El abuelo Juan
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El abuelo Juan

Edades:
A partir de 4 años
El abuelo Juan El abuelo Juan recibía a sus nietos con mucha ilusión todos los veranos. Se pasaba el año pensando en cómo los sorprendería la próxima vez que los niños fueran al pueblo a pasar unos días con él.

—¡Abuelo! —gritaron los niños al bajar de autobús.

Juanito, Anita y Lucas fueron corriendo a abrazar al abuelo Juan.

—Vamos a casa —dijo el abuelo—. He preparado un buen bizcocho y también tengo una sandía enorme que acabo de coger de la huerta esperando a ser abierta.

Los niños fueron hablando todo el camino. Habían viajado solos en el autobús y tenían muchas cosas que contar a su abuelo.

—¿Qué sorpresa nos has preparado este año, abuelo? —preguntó Anita.

—¡No se te pasa una, chiquilla! —exclamó el abuelo Juan, pero no respondió a su pregunta.

—¡Venga, habla! —insistió Anita. Pero el abuelo se limitó a cambiar de conversación.

Cuando los niños se comieron el bizcocho y dieron buena cuenta de la sandía, el abuelo les dijo:

—¿Estáis listos para la sorpresa de este año?

—¡Sí! —gritaron los niños.

—Pues más os vale descansar bien esta noche dijo el abuelo—. Mañana nos pondremos en marcha al amanecer, con la fresca. Poneos buenas botas, que saldremos al monte.

A la mañana siguiente no hubo que despertar a los niños. Ellos mismos saltaron de la cama en cuanto el primer rayo de sol iluminó su habitación.

Caminaron durante una hora, más o menos. Y entonces lo vieron. No hacía falta que su abuelo les dijera lo que estaban buscando.

—¡Es un árbol enorme! —exclamó Juanito.

—Es una encina centenaria —dijo el abuelo—. Tiene el tronco tan grueso que se necesitan al menos diez adultos para rodearla por completo.

—¿De quién es? —preguntó Lucas.

—En teoría, nuestra —dijo el abuelo—. Estas tierras pertenecen a nuestra familia desde hace generaciones. Pero cualquiera puede venir hasta aquí a verla y pasar un rato bajo sus enormes ramas.

Los niños vieron que había una especie de casita un poco más lejos.

—¿Qué es aquello? —preguntó Juanito.

El abuelo JuanUn viejo refugio —dijo el abuelo—. Lo he arreglado para poder usarlo, si queréis.

—¡Sí! —gritaron los niños.

Ese día lo pasaron en grande, intentando trepar a la encina y revisándola palmo a palmo.

Al atardecer se pusieron en marcha para regresar a casa.

—¿Podremos volver? —preguntó Lucas.

—Incluso podemos pasar unos días allí, en el refugio, si queréis —dijo el abuelo.

—¡Bien! —gritaron los niños.

—Ojalá pudiéramos vivir aquí todo el año —dijo Juanito.

—Entonces todo esto no sería tan emocionante —dijo el abuelo.

Los niños abrazaron a su abuelo. Tenían muchos días por delante y no tenían intención de desperdiciar ni un solo minuto.
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