Dos perros, cien ovejas y un lobo
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Dos perros, cien ovejas y un lobo

Edades:
A partir de 6 años
Dos perros, cien ovejas y un lobo Había una vez dos perros que pastoreaban cien ovejas. El pastor confiaba mucho en ellos y, entre los tres, hacían un buen trabajo. Las ovejas comían hierba fresca y hacían mucho ejercicio, y eran felices yendo y viniendo.

Por las noches, los perros, uno joven y otro anciano, acompañaban a las ovejas hasta el redil, donde pasaban la noche.

Antes de llegar el verano, el pastor esquilaba a las ovejas para dejarlas bien fresquitas. Las ovejas estaban muy contentas, porque con toda esa lana pasaban mucho calor.

El pastor también se esmeraba mucho para ordeñar a las hembras, que daban una leche estupenda, con tanto ejercicio y tanto comer al aire libre.

Pronto un lobo localizó a las cien ovejas. Solo de pensar en ellas se le hacía la boca agua. Por el día no era seguro atacarlas, así que el lobo esperaba a que cayera la noche para rondar el redil.

El lobo era sigiloso, pero los perros lo oían rondar igualmente.

—Tenemos que hacer algo, no podemos dejar que se acerque, la familia del pastor depende de estas ovejas —dijo el perro anciano.

—¿El pastor no tiene escopeta? —preguntó el perro joven.

—La vendió, porque no puede usarla, y menos con el lobo —dijo el perro anciano.

—¿Por qué? —preguntó el perro joven.

—A los humanos les está prohibido cazar lobos en estas tierras, aunque sea para defender a sus animales —dijo el perro anciano.

—¿Qué hacemos entonces? —preguntó el perro joven.

—Tengo un plan —dijo el lobo anciano—. Cavaremos un hoyo muy hondo delante de la cerca y lo taparemos con ramas para que no se vea. Cuando esté listo, nos disfrazaremos de oveja usando algunos vellones de lana de los que ha esquilado es pastor. Atraeremos al lobo a la trampa y lo dejaremos ahí.

—Pero tendremos que hacer el hoyo muy profundo para que el lobo no pueda salir —dijo el perro joven—. ¿Cómo saldremos del agujero?

—El pastor nos ayudará a salir, no te preocupes —dijo el perro anciano.

Y así lo hicieron. Pero no lo hicieron solos. En cuanto el pastor los vio, entendió lo que pretendían y les ayudó a cavar el agujero y a cubrirlo.

Dos perros, cien ovejas y un loboCuando el lobo cayó en la trampa, el perro joven le preguntó a su compañero:

—¿Qué le pasará ahora al lobo?

—Mira y verás —dijo el lobo anciano.

El pastor llamó a los servicios de protección de los animales y fueron a buscar al lobo.

De aquel lobo no se volvió a saber nada, pero los perros oyen aullar a sus parientes muchas noches.

—¿Tendremos que cavar más zanjas? —preguntó el perro joven.

—Haremos lo que tengamos que hacer, compañero, que de eso depende la vida de estas ovejas y el sustento de esta familia —dijo el perro anciano.

Y ahí lo dejaron, que tenían mucho trabajo que hacer mientras tanto.
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