Dos brujas y un puente
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Dos brujas y un puente

Edades:
A partir de 4 años
Valores:
Dos brujas y un puente Había una vez un río muy bravo y muy peligroso que dividía una región por la mitad. Solo había un puente para cruzarlo. En realidad no era más que un gran tronco de árbol que, con el paso de, tiempo, se había ido aplanando de tanto pasar sobre él.

El problema es que el puente era muy estrecho, por lo que no podían cruzarse dos personas que caminaran en sentido contrario.

Un día en medio del puente se cruzaron dos brujas que se llevaban muy mal. Y como ninguna quería dar su brazo a torcer, caminaron hasta encontrarse en medio del puente.

—Quita, bruja, que yo he entrado primero en el puente —dijo una.

—De eso nada, he entrado yo —dijo la otra—. Además, yo soy más mayor, así que tengo prioridad.

—No, la más mayor soy yo —dijo la primera—, y también la más fea, así que debes dejarme pasar.

—Si no te quitas te rociaré con la pócima mágica que llevo en el bolsillo y te convertiré en una serpiente venenosa-dijo la segunda.

—Hazlo y te morderé en el tobillo para que se te pudra —dijo la primera.

—¡Voy a arrancarte esos pelos de bruja! - gritó la segunda.

—¡Y yo a ti esa lengua de víbora! —gritó la primera.

Pero la pelea duró poco, porque ambas se cayeron al río.

—¡No sé nadar! —gritó una.

—¡Ni yo tampoco! —gritó la otra.

Afortunadamente unos pescadores las cogieron con sus redes y las sacaron del agua, una por cada orilla.

Con gran orgullo, y empapadas hasta la médula, las brujas volvieron al puente, empezaron a cruzar y volvieron a encontrarse en el medio.

Se miraron fijamente durante horas, sin tocarse un pelo y sin abrir la boca.

Anochecía y el cansancio empezó a hacer mella en las brujas. Una de ellas, agotada, dio un respingo, pues se quedaba dormida y se dio cuenta al sentir que se le iba la cabeza. Pero a pesar de todo perdió el equilibrio.

Estaba a punto de caerse cuando la otra la agarró por los codos para evitar que se cayera al agua. Pero era muy difícil mantenerla así, por lo que no le quedó más remedio que girar sobre ella misma.

Cuando por fin se estabilizaron las dos se dieron cuenta de que una ocupada el lugar de la otra, por lo que podían continuar su camino y terminar de cruzar el puente.

Dos brujas y un puenteDesde entonces, cada vez que se cruzan se agarran de los codos para pasar de lado sin caerse y cruzan el río. Todos los días a la misma hora. No se hablan. Solo se miran fijamente con cara de enfadadas.

Un día una de las brujas no estaba a la hora prevista en el puente, así que la otra la esperó para cruzar. Pero pasaban las horas y no llegaba. Preocupada, la bruja cruzó y fue en busca de su enemiga. Llegó a tiempo de salvarla de un trol malvado que la había captura y estaba dispuesto a comérsela.

—¿Por qué has venido a ayudarme? —dio la bruja rescatada.

—Supongo que, a pesar de todo, en el fondo, te aprecio —dijo la otra.

Y así siguieron las dos brujas, durante el resto de sus larguísimas vidas.
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