Claudia y la mariposa
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Claudia y la mariposa

Edades:
A partir de 3 años
Claudia y la mariposa Claudia estaba jugando en el parque cuando, de repente, vio una mariposa posada en un flor. Claudia se acercó hacia ella. No quería asustarla. Cuando estaba cerca, la niña se acercó despacito para ver bien a la hermosa mariposa.

-¡Qué bonita eres! -dijo la niña, muy bajito.

La mariposa, como si la hubiera entendido, batió dos veces sus alas. A Claudia le encantó ver aquello, y dijo:

-¡Y qué simpática!

La mariposa volvió a batir sus alas, para regocijo de la niña. Y así se pasaron un buen rato Claudia y la mariposa, una diciéndole cosas bonitas y la otra batiendo sus alas para la niña.

Al día siguiente Claudia volvió al parque y se acercó a la flor donde había estado la hermosa mariposa el día anterior. Y allí estaba. La mariposa, en cuanto Claudia llegó, empezó a batir sus alas. Pero esta vez se elevó en el aire y se posó en el brazo de la niña, que la miraba admirada y contenta.

La risa de la niña debió gustar a la mariposa, que empezó a revolotear a su alrededor, posándose en su nariz, en su hombro, en sus pies e incluso en sus orejas.

Un día unos niños que habían estado observando a Claudia jugando con la mariposa llegaron una red y un frasco de cristal con la tapa agujereada. Su intención estaba clara: atrapar a la mariposa sin levantar sospechas.

Los niños echaron la red y cazaron a la mariposa. Pero Claudia la liberó justo a tiempo y los niños no pudieron meterla en el bote.

Al día siguiente Claudia volvió al lugar del parque donde se econtraba con la mariposa. Pero esta vez no estaba allí. Estaba a punto de irse cuando un perro empezó a ladrar. Claudia miró y vio que un perro enorme iba corriendo hacia ella. La niña quiso salir corriendo, pero el miedo la dejó paralizada.

Pero cuando el perro estaba a punto de llegar hasta la niña apareció la mariposa, que se puso a revolotear alrededor del perro y a posarse en su nariz. Esto despistó al perro. En ese momento llegó la madre de Claudia, la cogió en brazos y salió con corriendo con la niña, que se abrazaba fuertemente a su madre mientras veía cómo su amiga mariposa despistaba a aquel enorme perro.

Claudia y la mariposa-Me ha salvado, mamá -dijo la niña-. La mariposa me ha salvado. Yo la salvé a ella y ella ha hecho lo mismo por mí.

-Hiciste bien respetándola. Si la hubieras cazado o la hubieras molestado ella no hubiera estado por allí y ese perro te habría mordido.

Claudia siguió acudiendo a ver a su amiga mariposa, que siempre aparece cuando Claudia llega, cada día acompañada por nuevas compañeras aladas. ¡Qué hermoso es ver a las mariposas volar libres entre las flores y los árboles!
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