Atlas y Hércules
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Atlas y Hércules

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Atlas y Hércules Según la mitología griega, hace mucho tiempo existió un gigante que se llamaba Atlas y que era muy soberbio. Un gigante al que los dioses castigaron. Lo hicieron por desafiarles y por luchar contra ellos. Para que aprendiese a ser más humilde, le obligaron a sostener la Tierra sobre sus hombros. Atlas, a pesar de ser muy fuerte, no tardó en cansarse.

Un día, fue a visitarlo Hércules, hijo del dios Zeus y de una mujer mortal. Era famoso también por ser muy fuerte.

– Atlas, necesito que me ayudes– le dijo Hércules a Atlas.

Atlas le miró extrañado mientras seguía sosteniendo la Tierra como castigo.

– No sé si podré ayudarte porque estoy un poco ocupado sosteniendo la Tierra…. - dijo Atlas.

Hércules le explicó al gigante que su hermano le había pedido que le llevase unas manzanas de oro que sólo crecían en un bosque a donde solo sabía llegar Atlas.

- ¿Podrías decirme cómo llegar hasta allí? -le suplicó Hércules.

Entonces, a Atlas se le ocurrió una idea y le dijo a Hércules que él iría a por las manzanas mientras él sostenía la Tierra. El gigante le dijo que el lugar estaba protegido por un terrible dragón y que solo él sabía cómo matarlo. Sin embargo, Hércules le dijo a Atlas que no podía dejar de sostener la Tierra porque, de hacerlo, los ríos, las montañas y las personas se caerían.



– Tienes razón, amigo Hércules, no podemos dejar de sostener la Tierra, pero se me ocurre que tú, que eres tan fuerte, puedes sostenerla mientras te traigo las manzanas -propuso el gigante Atlas.

Hércules dudó al principio, pero al final accedió, porque esa parecía la única forma de hacerlo y conseguir las tan ansiadas manzanas. Atlas sintió un gran alivio al dejar de sostener la Tierra. Se sentía libre. Estaba tan contento, que no tardó en llegar al bosque, se libró del dragón y recogió las manzanas de oro. Al llegar donde había dejado a Hércules, vio que este sostenía sin problemas la Tierra. Le dijo:

Atlas y Hércules ¡Menuda fuerza tienes, Hércules! Si te parece, le llevaré yo las manzanas a tu hermano, ya que veo que no tienes problemas.

Hércules comenzó a sospechar que Atlas quería engañarle y dejarle con el peso de la Tierra para siempre. Por eso le dijo:

– Está bien, pero antes ayúdame a colocarme mejor la Tierra sobre los hombros para que no se caiga.

Entonces, el gigante dejó las manzanas en el suelo y alzó la Tierra para volverla a colocar sobre los hombros de Hércules. Este, rápido y astuto, se lanzó a por las manzanas y salió corriendo, mientras decía a Atlas:

– No te enfades, Atlas, pero debes seguir cumpliendo tu misión y sostener la Tierra.
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