Ana aprende a estudiar
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Ana aprende a estudiar

Edades:
A partir de 8 años
Ana aprende a estudiar Ana siempre prefería jugar y hacer otras cosas en lugar de estudiar. Ella tenía muchos amigos que siempre querían salir a divertirse y no quería quedarse atrás.

Lo que Ana no entendía era por qué sus amigos sacaban mejores notas que ella.

Un día, su amigo David le dijo que había descubierto una manera de estudiar de manera más efectiva, lo que le había ayudado a mejorar sus notas.

—¿Cómo lo has hecho? —preguntó Ana.

—Empecé a organizar mi tiempo— respondió David—. Lo que hice fue un horario de estudio, como el de las asignaturas del cole, y en él coloqué tiempo para estudiar y tiempo para hacer otras actividades. Así pude concentrarme mejor en mis tareas. Además, también empecé a tomar notas y resumir los temas que me costaban más. Así estudiar es más entretenido y luego es mucho más fácil repasar.

—Suena interesante—dijo Ana pensativa—. ¿Crees que podría funcionar para mí también?

—Claro que sí—respondió David—. No pierdes nada con intentarlo, ¿verdad?

Ana decidió probar estos métodos. Al principio le costó un poco, poco a poco se fue acostumbrando.

—No sé si esto me está funcionando —le dijo Ana a David un día mientras jugaban en el parque.

—¿Por qué lo dices? —preguntó David.

—Es que siento que me distraigo mucho con otras cosas —respondió Ana—. Además, me cuesta mucho dejar de hacer lo que más me gusta para ponerme a estudiar.

—Entiendo cómo te sientes —dijo David—. Pero recuerda que es normal que al principio cueste un poco. Lo importante es seguir intentando.


—Para ti es fácil decirlo —dijo Ana.

—Mira, tengo una idea —dijo David—. Cuelga un calendario con todos los días del mes en la pared. Cada día que consigas respetar el horario de estudio que te has propuesta, dibuja una carita sonriente. Y el día que no, dibuja una triste, enfadada, rabiosa o como sea que te sientas. A ver qué pasa.

Ana hizo lo que le aconsejó su amigo. Para su sorpresa, después de un mes, todas las caritas eran sonrientes. Muchos días le costó ponerse, pero no quería dibujar una carita triste, así que se esforzó para poder dibujar una gran sonrisa.

Ana aprende a estudiar—¡Mira, David! —exclamó Ana emocionada el día que les dieron la notas.

—¡Wala, Ana, qué buenas calificaciones! —dijo David—.¡Lo lograste! Seguro que tienes un montón de sonrisas en tus hojas de calendario.

—Sí, y a partir de ahora, tendré más —dijo Ana—. Tus ideas son geniales. ¡Gracias!

Ana se dio cuenta de que con esfuerzo y dedicación podía lograr lo que se propusiera. Descubrió que a veces, aunque no sea fácil, vale la pena dedicar tiempo y esfuerzo para lograr lo que uno desea. Y que, cuando las cosas cuestan, algunos trucos, como el de las caritas sonrientes en el calendario, ayudan. ¡Y mucho!
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