Pluma y tintero
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Pluma y tintero

Edades:
A partir de 8 años
Pluma y tintero En el despacho de un escritor, alguien dijo un día, al considerar su tintero sobre la mesa:

-Es sorprendente lo que puede salir de un tintero.

-Lo es -respondió el tintero. Y añadió, dirigiéndose a la pluma y demás objetos situados sobre la mesa:

-Incomprensible. Es lo que yo digo. ¡Es sorprendente lo que puede salir de mí! Es sencillamente increíble. Yo mismo no podría decir lo que saldrá la próxima vez, en cuanto el hombre empiece a sacar tinta de mí. Una gota de mi contenido basta para llenar media hoja de papel, y, ¡cuántas cosas no se pueden decir en ella! Soy verdaderamente notable. De mí salen todas las obras del poeta, este buen humor, estas bellas descripciones de la Naturaleza. Yo no lo comprendo, pero lo llevo en mi interior. Les aseguro que no tengo ni idea de cómo ocurre todo esto.

-Lleva usted razón -dijo la pluma-. Usted no piensa en absoluto, pues si lo hiciera, se daría cuenta de que no hace más que suministrar el líquido. Usted da el fluido con el que yo puedo expresar y hacer visible en el papel lo que llevo en mi interior, lo que escribo. ¡Es la pluma la que escribe! Nadie lo duda, y la mayoría de hombres entienden tanto de Poesía como un viejo tintero.

-¡Qué poca experiencia tiene usted! -replicó el tintero-. Apenas lleva una semana de servicio y está ya medio gastada. ¿Se imagina acaso que es un poeta? Pues no es sino un criado, y, antes de llegar usted, he tenido aquí a muchos de su especie, tanto de la familia de los gansos como de una fábrica inglesa. Conozco la pluma de ganso y la de acero. He tenido muchas a mi servicio y tendré aún muchas más, si el hombre de quien me sirvo para hacer el movimiento sigue viniendo a anotar lo que saque de mi interior. Me gustaría saber qué voy a dar la próxima vez.

-¡Botijo de tinta! -rezongó la pluma.

Cuando se hizo de noche llegó el escritor. Venía de un concierto, donde había oído a un excelente violinista y había quedado impresionado por su arte inigualable. El artista había arrancado un verdadero diluvio de notas de su instrumento. Había creído oír el llanto de su propio corazón, pero con una melodía solo comparable a una magnífica voz de mujer. Fue extraordinario. Y difícil; pero el artista lo había hecho todo como jugando. El violín tocaba solo, y el arco, también; lo dos se lo hacían todo; el espectador se olvidaba del maestro que los guiaba, que les infundía vida y alma. Pero el escritor no lo había olvidado; escribió su nombre y anotó los pensamientos que le inspirara:

¡Qué locos serían el arco y el violín si se jactasen de sus hazañas! Y, sin embargo, cuántas veces lo hacemos los hombres: el poeta, el artista, el inventor, el general. Nos jactamos, sin pensar que no somos sino instrumentos en manos de Dios. Suyo, y solo suyo es el honor. ¿De qué podemos vanagloriarnos nosotros?

TPluma y tinteroodo esto lo escribió el poeta en forma de parábola, a la que puso por título: «El maestro y los instrumentos».

-Le han dado su merecido, caballero -dijo la pluma al tintero, una vez volvieron a estar solos-. Supongo que oiría leer lo que ha escrito, ¿verdad?

-Claro que sí, lo que le di a escribir a usted -replicó el tintero-. ¡Le estuvo bien empleado por su arrogancia! ¡Cómo es posible que no comprenda que la toman por necia! Mi invectiva me ha salido desde lo más hondo de mi entraña. ¡Si sabré yo lo que me llevo entre manos!

-¡Vaya con el tintero! – rezongó la pluma.

-¡Barretintas! -replicó el tintero.

Y los dos se quedaron convencidos de que habían contestado bien; es una convicción que deja a uno con la conciencia sosegada. Así se puede dormir en paz, y los dos durmieron muy tranquilos. Solo el poeta no durmió; le fluían los pensamientos como las notas del violín, rodando como perlas, bramando como la tempestad a través del bosque. Sentía palpitar en ellos su propio corazón, un vivísimo rayo de luz del eterno Maestro.

Sea para Él todo el honor.
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